Miguel Vidales | Doce fotógrafos en el Museo del Prado
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Doce fotógrafos en el Museo del Prado

 

Bueno por fin la «Fotografía» entra en el circuito de la gran pinacoteca española, después de la fallida exposición de Schommer, y la descuidada puesta en escena de sus grandes imágenes con retratos escogidos con poco acierto, con la apuesta por 12 grandes nombres del panorama actual, donde el compromiso por parte de los autores ha sido ampliamente superior al del museo, por lo menos en la ubicación y dimensiones de la misma, un pasillo con poco espacio y sin tener en cuenta la posible variación de tamaños en las copias pues todas son iguales.

 

 

Dos imágenes por autor veinticuatro en total forman en una hilera franqueadas por varios bustos una galería de cañón que parece mas una salida que una sala de exposiciones. Donde la Fundación Amigos del Prado ha pretendido darle relevancia a la fotografía en el templo de la pintura y donde los fotografxs han sabido dar un trabajo de calidad y profesionalidad excelsa donde pocos han podido escapar del encargo, ese mal endémico que forma parte de la naturaleza de la fotografía como medio de vida,  para adentrarse en  la magia de uno de los museos mas importantes del mundo.

 

José Manuel Ballester nos propone en su díptico un viaje de lo más conocido, la sala de «Las Meninas», a lo menos el Salón de Reinos, de lo público, que se puede visitar, a lo privado, que es un lugar cerrado, pero a su vez será lo nuevo en la próxima ampliación. Todo esto con el sello de su trabajo de lugares vacíos, de irrealidad y de huir de la figura humana para extrañarnos y hacernos reflexionar sobre la utilización de estos espacios en la sociedad.

Chema Madoz, era uno de los que tenía mas ganas de ver su interpretación, pues no sabía como un autor de imágenes reproducidas sobretodo en su estudio, haría para combinar con el museo.Lo consigue marcando con dos imágenes haciendo una analogía con la estructura del museo como marco de las obras, con su gran sencillez pero logrando el objetivo de crear imágenes con un gran poder narrativo.

Javier Campano apuesta por una reinterpretación de uno de los temas preferidos de la pintura como son los bodegones de caza y pesca, muy alineados con las cortes reales que fueron el principio del nacimiento del museo. Con una estética y luz barroca recordando las principales piezas de la colección de Madrid.

 

Pilar Pequeño también apuesta por los bodegones y como las técnicas pictóricas han influido en las fotográficas a través de los elementos representados.

 

Aitor Ortiz nos propone una sala de exposición vacía  para recordarnos el itinerario  de las obras, la ausencia entre distribución y redistribución de los fondos, en unas tomas donde la luz, como en la fotografía tanto como en las muestras va a ser clave para el disfrute de las obras.

 

Pierre Gonnord confronta dos retratos, uno de unos de los visitantes y otro de una corneja disecada, hablando del trabajo de fotógrafo como taxidermista de imágenes y como se puede congelar el tiempo en un lugar como El Prado.

Isabel Muñoz se lo ha llevado a su terreno, el agua, comparando su serie de bailarinas con ascensiones típicas de la representación pictórica religiosa.

Javier Vallhonrat crea un collage de imágenes, entre capturas a ras de suelo y paisajes, reinterpretando estas para crear nuevas. La inspiración del museo en los autores para las nuevas creaciones.

 

Bleda y Rosa nos sitúan sus imágenes dentro de su contexto predeterminado y hablando del lugar para el  que se habían producido, un palacio, nos construye, con sus perspectivas, habitaciones donde podrían estar estos cuadros históricos. Nos habla del edificio del museo como antiguo palacio y de su historia.

Joan Fontcuberta y su mirada nos traslada mediante la fragmentación de varias imágenes para hacernos llegar a la piel del museo, así ver las cicatrices que luego en este lugar se restauran y cuidan    para su conservación y disfrute a lo largo del tiempo.

Alberto Garcia-Alix es quizás el mas poético y ha dejado llevar su lado mas espiritual a sus imágenes, mediante dobles exposiciones  ha conseguido unir varios conceptos de las pinturas, como lo concreto con lo abstracto, creando dos piezas llenas de alma que lejos de darnos calma se sitúan mas cerca de la angustia y el desasosiego que del bellicismo propio del primer arte como es la pintura.

Cristina de Middel es la que ha tenido la mirada mas ácida con doble exposciones, al igual que García-Alix, nos habla de la endogamia de las familias reales a lo largo de la historia para hacer una analogía donde lo establecido siempre se perpetua en el poder.

 

Una gran exposición muy esperada y una apuesta por parte del Museo del Prado digna de ser elogiada que puede ser el gran expositor de la Fotografía española tan necesitada de lugares tan importantes de visibilidad, para su difusión y darle el lugar que le corresponde como el arte mas influyente del siglo XXI.

 

Un gran agradecimiento por poder realizar fotografías dentro del museo.

 

Miguel Vidales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Miguel Vidales

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